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Coreografía para un amor ausente

Actualizado: 29 jun 2025

"Los quince llegaron con una nueva piel. El reflejo en el espejo empezaba a mostrar a alguien que, supuse, ya era bonita. Pero con esa nueva piel también llegó un nuevo tipo de presión, la de no ser la única silla vacía en el juego del amor. Mi corazón, sin embargo, seguía al otro lado de la calle, espiando desde la misma ventana de mis doce años, enamorado de mi vecino.

Entonces apareció él, un joven muy simpático que me ofreció el título que parecía faltarme: 'la novia'. ¿Lo quería? No. Pero el miedo a ser la excepción, la única sin historia que contar, pesaba más. Así que acepté un guion que no era mío.

Y cada guion tiene su banda sonora. La mía fue 'Rayando el Sol'. Nunca lo voy a olvidar. Él me la dedicó, y la ironía era casi poética. Esa letra sobre un amor desesperado era un eco perfecto de mis sentimientos secretos por mi vecino, pero me la estaba entregando la persona equivocada. Era como recibir una carta de amor con el destinatario incorrecto.

Esa se convirtió en mi realidad. Una coreografía donde otros me movían. El joven simpático no pudo llenar lo que yo quería pasa el tiempo y mis amigas me conseguían novios que no tenían nada que ver conmigo, me maquillaban como a una muñeca para citas a las que no quería ir. Yo sonreía y asentía, sintiéndome obligada a participar en una obra de teatro sobre mi propia vida.

Pero incluso en medio de esa actuación, mi cuerpo guardaba un secreto, un acto final que se negaba a ejecutar. Por suerte, aún no los besaba. Podían maquillar mi rostro, tomar mi mano, dedicarme canciones, pero el umbral de mis labios seguía siendo un territorio soberano. Era la única parte del guion que, inconscientemente, me reservaba para mí."


 
 
 

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